Con profunda gratitud, queremos compartir lo que Dios hizo en Puerto Vilelas durante las noches del 22 al 24 de enero de 2026.
Lo que ocurrió no fue solo una cruzada… fue un punto de inflexión para toda una ciudad. Situada cerca de Resistencia, esta comunidad se convirtió en el escenario de un poderoso movimiento de Dios. Pero antes de que llegaran las multitudes, ya estaba ocurriendo algo fundamental: la unidad de la Iglesia.
Los pastores de Vilelas y del sur de Resistencia dejaron a un lado sus diferencias y caminaron juntos con un mismo anhelo: ver a Jesús transformar su región.
Y Dios respondió.
Una ciudad sedienta de Dios
Desde la primera noche, el lugar empezó a llenarse. Pero no era curiosidad… era un anhelo espiritual.
Personas de todas las edades acudieron en busca de algo más. Y la presencia de Dios se hizo evidente.
Cada noche ganaba en intensidad, fe y expectación. Y el Evangelio se anunciaba con fuerza.
Testimonios de su poder
Lo que presenciamos no se puede explicar solo con palabras.
La primera noche, durante la oración, se llevó hasta delante a un niño con una malformación en las piernas que apenas podía caminar.
Ante todos, mientras se oraba en el nombre de Jesús… el poder de Dios lo tocó.
Empezó a moverse con normalidad. Caminaba correctamente. El asombro se apoderó del lugar. La alegría estalló entre la multitud.
La segunda noche, una mujer que tenía un tumor maligno en el cuello recibió una oración. Y en ese mismo instante… el tumor desapareció.
Jesús sigue haciendo milagros. ¡Aquí! ¡Hoy mismo!!!!
Más allá de los milagros visibles
Pero lo que más impactó no fue solo lo que se vio… sino lo que ocurrió en los corazones.
En la última noche, una multitud respondió al llamado de la salvación.
Personas que nunca habían tomado una decisión por Jesús dieron ese paso.
Otros se reconciliaron. Se reconciliaron con Dios.
- Vimos lágrimas.
- Vimos la libertad.
- Vimos la salvación.
¿Y ahora qué?
Creemos que Dios está preparando a la Iglesia local para lo que está por venir.
Esto no termina con una campaña. Continúa en cada iglesia.
En cada discípulo. En cada vida transformada.
¡CRISTO VIVE… Y EL CHACO LE PERTENECE!





























